
Cuando llegaron a la frontera Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas seguía sangrando. El guardia examinó los pasaportes . Aunque estaban en regla comprobó que los retratos eran iguales a las caras. Nena Daconte era casi una niña y Bylly Sanchez, su marido era un año menor que ella casi tan bello. Lo que revelaba la condición de ambos era el automovil platinado, cuyo interior exhalaba un aliento de bestia viva. Los asientos posteriores iban atiborrados de maletas y muchos regalos sin abrir.
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